No hay mayor mentira que la muerte

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OSHO
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Hemos estructurado nuestras mismas vidas a partir de nuestro miedo a la muerte. El miedo a la muerte ha creado la sociedad, la nación, la familia y los amigos. El miedo a la muerte nos ha hecho perseguir el dinero y nos ha hecho ambicionar posiciones sociales más elevadas. Y lo más sorprendente es que nuestros dioses y nuestros templos también han surgido del miedo a la muerte. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan de rodillas. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan a Dios con las manos unidas y elevadas hacia el cielo. Y nada más falso que la muerte. Por eso, cualquier sistema de vida que hayamos creado creyendo que la muerte es verdadera se ha convertido en falso.
¿Cómo conocemos la falsedad de la muerte? ¿Cómo podemos saber que no hay muerte? Mientras no lo sepamos, no perderemos el miedo a la muerte, nuestras vidas seguirán siendo falsas. Mientras exista el miedo a la muerte, no podrá haber vida auténtica. Mientras temblemos de miedo hacia la muerte, no podremos acopiar la capacidad de vivir nuestras vidas. Sólo pueden vivir aquellos para los que la sombra de la muerte ha desaparecido para siempre. ¿Cómo podrá vivir una mente asustada y temblorosa? Y ¿Cómo es posible vivir cuando parece que la muerte se acerca a cada instante? ¿Cómo podemos vivir?.
Por mucho que dejemos de tener en cuenta la muerte, nunca la olvidamos del todo. No importa que llevemos el cementerio a las afueras de la ciudad: la muerte sigue mostrándonos su rostro. Todos los días muere alguien; todos los días se presenta en alguna parte la muerte y hace temblar los cimientos mismos de nuestras vidas.
Cuando vemos que se produce la muerte, somos conscientes de nuestra propia muerte. Cuando lloramos la muerte de alguien, no sólo nos hace llorar la muerte de esa persona, sino también el recuerdo renovado de la nuestra propia. No sólo sentimos dolor y pena por la muerte de otra persona, sino por la posibilidad aparente de la nuestra propia. Toda muerte que acontece es, al mismo tiempo, nuestra propia muerte. Y ¿Cómo podemos vivir, mientras sigamos rodeados de la muerte? Vivir de esta forma es imposible. Así no podemos conocer lo que es la vida: ni su alegría, ni su belleza, ni su bendición. Así no podemos alcanzar el templo de Dios, la verdad suprema de la vida.